lunes, 31 de enero de 2011

"BAJO PROTESTA"



BAJO PROTESTA

Se que me caerán chinches por lo que expondré a continuación, pero acostumbrado a la faena insecticida de librarme de éstas últimas, debo decir lo siguiente. Algunos, en el gesto por identificar un origen a la situación por la que hoy pasa el Departamento de Estudios Hispánicos, han aludido a la falta de orientación y promoción de los programas como parte de la baja en la matrícula. Lo cierto es que, mientras veo millones del fondo de la UPR malbaratados en anuncios que expliquen la crisis del mayor centro docente del país, no recuerdo haber visto nunca uno que hablara de los ofrecimientos académicos. Aún así, la orientación o no, pudiera seguir siendo un problema aunque habría que mencionar que sin orientación ninguna fuimos muchos los que llegamos a los pasillos del ahora sombrío LPM (Edificio Luis Palés Matos de la Facultad de Humanidades). Algunos, amén de las chinches, acostumbrados a invertir valioso tiempo de estudio y lectura al ejercicio de rascarnos, nos graduamos. Otros cansados de la piquiña salimos a hacer estudios graduados a otros parajes para conocer nueva fauna entomológica.

Creo que por muchos años los estudiantes de Hispánicos han sido pasivos y sumisos observadores de los desmanes y vicios que se fueron creando con el tiempo y nadie cuestionó nada. La participación estudiantil en ese sentido deja mucho que desear y mucho más por cuestionar sobre prácticas docentes y administrativas que aún hoy nadie menciona. A eso habría que añadir la facilidad con la que se sucedían “interinatos” de dirección en la Escuela Graduada y el Departamento (en un momento, a razón de uno por año), mientras las reuniones del consejo estudiantil departamental brillaban por su ausencia tanto de voz como de hechos. Con el tiempo iban desapareciendo muchas de las ayudantías de cátedra (que tanto dinero le ahorran en ofrecimiento de cursos a prestigiosas instituciones académicas), mientras por otra parte se reducía la oferta de clases a nivel graduado. Como érase de esperar, las maestrías se fueron haciendo atropelladas, sino, interminables. Así, “al César lo del César”, y a Dios que te vaya bien.

Esa misma falta de voluntad fue la que llevó al traste tener que reconocer lo difícil que es para un intelectual sobrevivir en un espacio donde la posibilidad de probar su calibre iba mermando con los días. La falta de foros donde exponer el trabajo investigativo de estudiantes encontró su equivalente en la propia ausencia de gestión por crear los espacios necesarios para el quehacer intelectual. Por si fuera poco, como signo de prestigio, la Dra. Luce López-Baralt comenta que, “Jaime Alazraki, profesor de Harvard, admitió que un hispanista pasaba la máxima prueba de fuego si dictaba conferencias en nuestro Departamento” (La UPR vive: un alto a la desesperanza, END, 29 enero 2011). Dados al análisis de discurso, como solemos hacer quienes nos dedicamos a los menesteres del lenguaje, sabemos que esto dice mucho más de lo que se lee. Más que un signo victorioso de la producción cultural e intelectual local, la afirmación se vuelve síntoma irrefutable de lo dificultoso que fue para muchos el que nuestro amado Departamento de Estudios Hispánicos pareciera simpático al devenir investigativo de sus estudiantes.

A la “máxima prueba de fuego” se suma la iniciática hazaña de publicar en su Revista de Estudios Hispánicos. Pero “una de cal y otra de arena”. Si por un lado dicho órgano ha permanecido reservado casi exclusivamente para la publicación de investigación docente, por otro, habría que aludir nuevamente a la inercia de los estudiantes por gestionar tales espacios. De igual modo, cabe mencionar que cuando en un pasado se le ofreció al Departamento la propuesta de apoyo a una revista que promoviera la creación e investigación estudiantil, lo que se obtuvo fue la tan conocida actitud del “impedimento como a priori”. Hoy esa revista es conocida como El Sótano 00931. Misma con la que en el 2004 se le hiciera frente a la queja de Julio Ortega por la supuesta falta de nuevos creadores y literatos en el país y que, en los últimos diez años, ha dejado más de ocho números, doce publicaciones editoriales de autor, tres proyectos editoriales e innumerables premiaciones a nivel nacional e internacional.

Construir una universidad pública, más que un bonito “slogan” de moda, requiere el que la misma sea pensada de manera ecléctica. No sólo se trata de cuestionar el desempeño administrativo, docente y estudiantil. Trata cada vez más de plantearse lo atractivo o no de sus ofrecimientos y la capacidad de establecer políticas de retención que sean efectivas más allá del prestigio de glorias pasadas o lo accesible de su costo. Exige, hoy más que nunca, que el amor que profesamos por esa Alma Mater lo demostremos denunciando cuando vemos un empleado no docente jugar cartas en horas de trabajo o atender otros “negocios” que no sean el de servir diligentemente a la institución que lo acoge. Amor, en esos términos, es hacer lo que éticamente nos exige la conciencia y no refugiarse en “convenios” que en la práctica nada aportan al espíritu con que fueron alcanzados (el de una universidad de excelencia). Sobre todo, conlleva el cuestionamiento de una lógica como resistencia que entienda que las huelgas y protestas sólo son efectivas en un contexto donde la opinión pública, la presión moral y la acción ética son valores reales con opciones más allá de la venta de noticiarios, la pena conmiseradora y el complejo de culpa. En arroz y habichuelas: el compromiso moral y el proceder ético sólo ejercen presión sobre gente ética y moralmente comprometida.

A la sazón de lo antes dicho debemos pensar con seriedad el significado de estrategias como entregar notas “bajo protesta”. En un artículo titulado La desarticulación de COPU y la partida de Francisco González (Luis Grande, Diálogo Digital, 27 enero 2011) lee de la siguiente manera: “el Profesor González-Miranda ha[ya] sido sacado del equipo docente de la institución, porque se “prescinde de sus servicios”. Cabe preguntarse entonces, si la próxima estrategia será aceptar “bajo protesta” los despidos masivos que se avecinan con la anunciada “pausa” o desmantelamiento de una decena de programas académicos. Habría que cuestionar seria y responsablemente el impacto del llamado “Manifiesto de docentes del Recinto de Río Piedras UPR” convocado por Áurea María Sotomayor y Rubén Ríos Ávila, y que fue firmado en Cayey por 1,066 profesores.

En ese sentido, y contrario a los múltiples estilos más o menos violentos, la última ronda de manifestaciones han hecho de la desobediencia civil el más reciente giro a seguir dentro del conflicto. Diría un amigo poeta; “el gandihsmo, sigue siendo una opción”. Pero cierto o no, lo que sí queda claro como diferencia entre estudiantes y docentes es que el gandihsmo es mucho más que la sumisa resistencia pro-forma de asumir todo “bajo protesta”; mucho más que una revolución nominal de papel y tinta donde lavar las culpas o, en español del barrio, “pasar con ficha”.

Entonces, ¿qué queda? ¿Esperar hasta agosto para ser protagonistas “bajo protesta” de la consumación de la crónica de una muerte anunciada? ¿Hacer de la cárcel una extensión de la “universidad sin paredes” y pública que construíamos dando clases en librerías de Río Piedras mientras los estudiantes cogían palos en los portones de la UPR? Mucho se ha hablado ya del prestigio del Departamento de Estudios Hispánicos y del por qué no debe desaparecer ni ser puesto en “pausa”. Mucho se a dicho de luminarias como las hermanas Luce y Mercedes López-Baralt entre sus filas de intelectuales. Ya van por la decena, los artículos que mencionan las glorias de tiempos en que Juan Ramón Jiménez y Vargas Llosa (dos premios Novel de literatura) dictaban cátedra en nuestras aulas. Más que conocidos son los logros de Luis Rafael Sánchez y Mayra Santos a la que el periódico El País reconociera como una de las cien personas más influyentes del 2010.

En un artículo publicado hoy 30 de enero de 2011, y firmado como Editorial de El Nuevo Día se lee el título: “Un deber preservar Estudios Hispánicos”. Y añade: “Sabemos que este golpe burocrático, mal diligenciado y jamás discutido abiertamente con la comunidad universitaria, sus profesores y estudiantes, no afecta sólo a Estudios Hispánicos. Otras facultades ven peligrar programas importantes, como en el caso de la Facultad de Educación, donde, según ha trascendido, quedarán “en pausa” también varios cursos”. A esto se suman, entre otros, la maestría en Ciencias de la Enfermería del Recinto de Ciencias Médicas, el grado asociado en Sistemas de Oficina del Recinto de Bayamón y el bachillerato en Artes con Concentración en Cooperativismo del Recinto de Río Piedras, el Bachillerato en Artes con concentración en Francés de la Facultad de Humanidades donde diera clases la escritora Ana Lidia Vega y el Bachillerato en Ciencias en Ecología Familiar-General, de la Facultad de Educación del Recinto de Río Piedras (Cynthia López Cabán, En moratoria decenas de programas en la UPR, END, 30 Enero 2011).

Aún así, de la nota editorial de El Nuevo Día lo que más llama la atención no es su denuncia y evidente apoyo a la UPR. Lo que más llama la atención es el comentario que deja uno de los lectores que firma bajo el “nickname” de Platanaso. El mismo comenta que: “Quien no esté de acuerdo con este editorial no piensa. Así de sencillo. Pero me queda una espinita: No he visto a estos prestigiosos profesores que ganan grandes sueldos y trabajan comodísimos apoyar las gestiones en la calle, poniendo en riesgo su integridad personal, su salud, su estabilidad mental y su libertad como lo han hecho los estudiantes. […] Se imaginan la repercusión internacional que tuviera ver a Luis Rafael Sánchez, Ana Lydia Vega, Luce López-Baralt, Mercedes López-Baralt... arrastrados por el piso por desobedientes civiles. Es obvio que las palabras no bastan”.

Y yo propongo, que tal si fuera una realidad, aunque sea “bajo protesta”.

2 comentarios:

Luz dijo...

Usted ha dado en el blanco...

Jorge David Capiello-Ortiz dijo...

Luz, gracias por tu comentario. Esperemos que muchos más lo lean y le den algún tiempo de reflexión; especialmente los aludidos.

JD