sábado, 22 de mayo de 2010

CRÓNICA DE LA PALABRA Y LA DESMEMORIA



con mucho agradecimiento a NESTOR BARRETO.

Palabras

1. En un artículo titulado Palabras para un festival y publicado el 2 de Mayo en El Nuevo Día mi vecina y escritora Ana Lidia Vega comenta que, “Hemos pasado de las capillas críticas de acceso controlado a las convocatorias masivas modeladas en las ferias industriales o los conciertos de rock”. Ante el texto muchos aplauden y unos tantos otros abuchean. Yo sólo quiero preguntar, ¿quién presentó en el 1994 en Casa Papirus las “Falsas crónicas del sur” con todo y comparsa por las calles del Viejo San Juan?

2. Más adelante añade, “el cheche indiscutible de los nuevos encuentros interactivos es el autor. La presión editorial para que él mismo (autor) sea quien se encargue del mercadeo de sus obras ha terminado por asignarle el papel de performero”. A lo que concluyo que posiblemente la desmemoria, en este caso la de la autora del artículo, sea parte del aludido performance. Pero por aquellos dados al comentario crítico añado yo, acaso de alguna manera el acto del performance, con el solo hecho de ser llevado al “happening”, a la escena-evento, ya deja de ser un acto aislado y privado para convertirse en espacio de contacto, debate e intercambio. Por mencionar sólo uno de los muchos teóricos que se acercan al fenómeno, es Nestor García Canclini quien, en su “Entrar y Salir de la Modernidad 101”, plantea lo necesario de que el autor cree conciencia sobre lo importante de consolidar los procesos de factura-producción-circulación-distribución de las obras para dar al mismo la autonomía necesaria de no tener que pintar retratos de reyes y obispos a cambio de mecenazgos servilistas. Lo contrario sería volver a los gastados y románticos discursos de la distribución de labores por castas o tener que resucitar a Werther para que se vuelva a suicidar como romántico gesto de amor al arte.

3. Por si fuera poco el olvido, dice la autora que, “Tras el glamour festivalero, se ocultan las duras verdades del oficio. Cada vez hay menos librerías, menos lectores, menos posibilidades de publicación y difusión. Las condiciones laborales del gremio plumado están entre las peores del mundo artístico. Las regalías y los honorarios escasean. Quienes se lucran del trabajo de los escritores pretenden que éstos renuncien, por supuestas motivaciones filantrópicas, a su justa y necesaria remuneración”. Entonces el problema no es si vendemos o escribimos, sino, si nos hacemos o no los rolos. No creo que haya mucho más que añadir al asunto.

4. Por otra parte, se alude a la cuestión política diciendo lo siguiente: “Puesto que el Festival homenajea expresamente a la palabra, conviene recordar el contexto histórico que lo enmarca. Desde los tiempos de la colonia española hasta los de la colonia americana, la prensa y la literatura puertorriqueñas han sobrevivido bajo la sombra siniestra de la vigilancia oficial. Destierros y prisiones, carpetas y mordazas abultan un expediente infame de criminalización y represión de la palabra oral y escrita. La persistencia de la censura nos ha legado una tendencia igualmente terca al eufemismo y la evasiva”. Y la pregunta obligada es, ¿a quién durante los duros setentas correspondía la imperiosa necesidad de contextualizar históricamente la represión, los macanasos, el carpeteo y la mordaza mientras tenía que cumplir con la ineludible responsabilidad de representar dignamente la patria viajando el mundo como embajadora de Casa de las Américas? ¿Dónde está el fruto político de semejante gesta? ¿Dónde los festivales, dónde la salida de nuestra literatura más allá de las generosas palmaditas en la espalda de un selecto grupúsculo setentista que no sólo llego a la prensa de Seix Barral, sino que copó todas las editoriales locales cerrando el cerco hasta hacerlo infranqueable? “De esas manos nos salió la patria” y como la necesidad es madre de la inventiva así como del hambre, aparecieron las revistas de los 80’s, Isla Negra, Terranova y otras tantas editoriales.

5. Por si fuera poco, continua diciendo, “Todo gobierno tiene la responsabilidad de patrocinar las artes. Y es bueno y saludable que la asuma. Pero, ante la coyuntura que vivimos, demasiada ingenuidad puede resultar peligrosa”. Imagino que habría que esperar, como todo buen puertorriqueño, “CUATRO AÑOS MÁS” o “CUATRO MÁS” o “CUATRO MÁS” y etc.

6. Finalmente comenta: “No obstante, cabe esperar que la celebración sea algo más que un aparatoso proyecto de turismo intelectual”. Es decir, y en eso todos estaremos de acuerdo; cabe esperar que el evento haya sido lo que nunca antes ha sido un evento literario en el país al que, dicho sea de paso, la misma Marta Aponte Alsina no repara en calificar como "isla de quejumbrosos aplatanados".

Inventar la memoria

7. Por otra parte los festivaleros lograron unir más de nueve editoriales alternativas (sí, nueve: Isla Negra, Quimera, Carimar, Preámbulo, Libros de la Iguana, queAse, Identidad, Agentes Catalíticos, Aventis…), más de cinco publicaciones alternativas (revistas Crudo, Bacanal, AC, Hotel Abismo, periódico El Poeta…) y más de diez publicaciones autogestionadas que no podían pagar el costo de espacio.

8. Firmamos, leímos y vendimos libros para todos los que entraron libre de costo a nuestro espacio dando la posibilidad de nuevas lecturas así como de nuevos lectores sin la mediación de libreros, distribuidores y al contado.

9. Se consolidaron lazos de colaboración con expectativas de catálogos en común, tienda virtual en común para pequeñas editoriales, fluido efectivo de información sobre costo efectivo y mejoramiento de las impresiones, entre otras cosas.

10. Al menos un libro de una editorial muy pequeñita va de camino a Alemania bajo el brazo de la más importante traductora del castellano a lengua germana.

Creo que mientras algunos vecinos siguen estando lejos, el Festival de la Palabra necesitaba más manos y menos palabras.

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