
miércoles, 24 de agosto de 2011
CORPUS

martes, 16 de agosto de 2011
Ricardo Muti Concede un "bis" a Italia
Italia finalmente despertó. Les dejo saborear esto. Es conmovedor.
El último 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentar la realidad. Italia festejaba el 150 aniversario de su unificación. En esa ocasión se dio en la ópera de Roma la ópera "Nabucco" de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti.
Nabucco es una obra tanto musical como política: evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia y su famoso coro "Va pensiero" es el canto de los esclavos oprimidos. En Italia, este canto es el símbolo de la búsqueda de la libertad del pueblo, que a fines del siglo XIX -época en que se escribió la ópera - estaba oprimido por el imperio Habsburgo, al que combatió hasta la creación de la Italia unificada.
Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde de Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso denunciando los recortes al presupuesto de cultura que hizo el gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y viejo ministro de Berlusconi. Esta intervención política, en un momento cultural de los más simbólicos para Italia, produciría un efecto inesperado, puesto que Berlusconi en persona asistía a la representación.
Relatado luego por el Times, Ricardo Muti, director de la orquesta, contó que fue una verdadera velada de revolución:
"Al principio hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos al famoso canto Va pensiero. Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba en el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el Va Pensiero, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y perdida."
Cuando el coro llegaba a su fin, ya se oían en el público varios "bis". El público comenzó a gritar: "¡Viva Italia!", "¡Viva Verdi!", "¡Larga vida a Italia!". La gente en el gallinero comenzó a arrojar papeles con mensajes patrióticos. En una única ocasión Muti había aceptado hacer un bis para el "Va Pensiero" en la Scala de Milán en 1986, puesto que para él la ópera no debe sufrir interrupciones. "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo", relata. Pero el público ya había despertado su sentimiento patriótico.En un gesto teatral, Muti se dio vuelta, miró al público y a Berlusconi y dijo:
"Sí, estoy de acuerdo con esto. "Larga vida a Italia". Pero... Ya no tengo 30 años, he vivido mi vida.Recorrí mucho el mundo y hoy tengo vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo a vuestro pedido de un bis para el Va Pensiero. No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía el Coro que cantó "Ay mi patria, bella y perdida", pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria estaría en verdad "bella y perdida".
(Aplausos , incluidos de los artistas en escena)
Continuó: Ya que reina acá un clima italiano… yo, Muti, me callé la boca muchos años. Quisiera ahora... tendríamos que darle sentido a este canto. Estamos en nuestra casa, el teatro de Roma, y con un coro que cantó magníficamente bien y que acompañó espléndidamente. Si quieren, les propongo unirse a nosotros para que cantemos todos juntos.
Entonces invitó al público a cantar con el coro de esclavos. "Vi grupos de gente levantarse. Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico en la ópera. Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos."
Aquí está el vídeo de ese momento lleno de emoción:domingo, 26 de junio de 2011
Pendientes a MI SAL (Aforismos)

Un poema es el accidental hallazgo de una definición
urgente en el diccionario de lo necesariamente innombrable.
J.D. Capiello-Ortiz
domingo, 5 de junio de 2011
EL PAN NUESTRO

lunes, 30 de mayo de 2011
CASQUILLOS STRIKES BACK



martes, 24 de mayo de 2011
A - FOR - ISMOS #17

jueves, 28 de abril de 2011
La Comisión Estatal de Elecciones Recicla

lunes, 28 de marzo de 2011
Recuperando a Cappiello (Segunda Parte, El cartel en Francia)
Hablar del arte del cartel es ejercicio de adentrarse a una amplia historia de la cual lo antes expuesto, en la Primera Parte, no pasa de ser sólo una muy pequeña parcela. Aún así, por otra parte, esa pequeña parcela constituye la inequívoca prueba de cuán importante ha sido Leonetto Cappiello; tanto como para ser hoy considerado como el padre de la publicidad moderna. Veamos algunos datos importantes sobre su contexto.

Cuando se habla del cartelismo se habla del arte epítome de la Edad Contemporánea. La gestación del mismo se ubica en plena Revolución Industrial y su maduración durante la Belle Époque. Aunque la técnica tiene como predecesor el grabado policromático japonés (la xilografía Nishiki-e y el Ukiyo-e) del siglo XVIII, para Occidente, la invención de la litografía en 1798, por Aloys Senefelder, marcará su inicio.

Es Jules Cheret quien entonces, para 1868, desarrolla un proceso litográfico tricolor que posteriormente le permitirá, con tan sólo tres piedras, alcanzar prácticamente cualquier registro cromático. Hijo de un tipógrafo formado en los mejores talleres de París y Londres, haber diseñado múltiples portadas para libros y catálogos y, finalmente, haber conocido a un fabricante de perfumes de la compañía Rimmel quien, en el 1866, le suple un estudio equipado con la mejor tecnología de la época, son algunas de las condiciones que propiciaron el que hoy se le conozca como iniciador del cartel moderno. La combinación de imagen y palabra en muy poco tiempo hacen del cartel el medio dominante de la comunicación de masas y a la vez convierte las calles de Berlín, Milán, París y Londres en una galería de arte accesible a todo tipo de público.

A esto se suman las figuras de Toulouse-Lautrec y Alphonse Mucha. Mientras con Toulouse-Lautrec y su previa experiencia como pintor el cartel alcanza la categoría de arte; con Alphonse Mucha, el estilo modernista de Cheret y Toulouse-Lautrec es abandonado para hacer del Art Nouveau una esplendorosa vuelta a la naturaleza y los pre-rafaelistas. Este estilo dominará por los próximos años pero la repetición y lo cargado de su estilo fueron produciendo el agotamiento que, junto a la muerte de Toulouse-Lautrec, y la vuelta a la pintura por Mucha y Cheret, quienes abandonan el cartel, dan paso al estilo único de Leonetto Cappiello.

Cappiello nace en Livorno, Italia, el 9 de abril de 1875 y muere en Cannes, el 2 de febrero de 1942. Con su llegada a París, en el 1898, conoce a Puccini y un mes luego publica una caricatura del pianista en la revista Le Rire No 191 (2 de julio). Ese estilo caricaturesco en sus comienzos lo acercará a la limpieza en la línea del estilo de Cheret, y posteriormente a Toulouse-Lautrec, para finalmente abandonarlo simplificando sus carteles en función de un carácter cada vez más publicitario. Así rechaza el estilo sobrecargado del Art Nouveau y, en su lugar, opta por imágenes que destacan como punto focal de sus afiches sobre fondos mayormente sólidos y que casi siempre son rematados por una tipografía sobria resaltando la función comunicativa.

Ver, por ejemplo, cómo en nuestros días la compañía Apple cobra identidad en el logo de una manzana o la marca de calzado deportivo Puma es identificada en el ícono de una pantera negra, se le debe a Leonetto Cappiello. Esa tendencia iconográfica hacia el “branding” o el “trade mark” del lenguaje publicitario es lo que hace de Cappiello, además de un importantísimo cartelista, el padre de la publicidad moderna.
jueves, 24 de marzo de 2011
Recuperando a Cappiello (Primera Parte)

Recuerdo que lo vi cuando caminaba por Downtown Minneapolis, mientras esperaba por la Metro Transit 94, cerca de la esquina del famoso Gay Nineties Theatre a una cuadra de la Minneapolis Central Library. Todo el que lo notaba tenía que comentar algo. Aquel poster era sencillamente genial.

Durante mayo del 2004, como parte del lanzamiento del iPod, Apple comenzaba por toda la nación una amplia campaña publicitaria. La misma, consistía en una variedad de cuatro posters que simulaban unos cables blancos que iban desde las manos a los oídos de una silueta negra sobre un fondo de color neón brillante. El mensaje leía “iPod, 10,000 songs on your pocket. Mac or PC”. Sin embargo, lo que captaba mi atención no eran aquellos posters, sino uno que parecía pasar desapercibido entre los que ya he mencionado. El mismo leía como sigue: “10,000 volt in your pocket, guilty or innocent”. Más que una parodia de la campaña dirigida por Apple, era una denuncia a las políticas de tortura adoptadas por Estados Unidos contra los prisioneros de guerra en Abu Ghraib y que fueran dadas a conocer el 28 de abril del 2004.

El afiche en cuestión era producto de un artista desconocido perteneciente a un colectivo de Nueva York llamado Copper Greene (nombre utilizado por el Pentágono para designar el operativo sobre abusos a prisioneros en Iraq) y cuyos miembros prefieren el anonimato. Primero, aparecieron en Nueva York y un mes luego en California lo que generó algunas dudas sobre el origen de los mismos. Con el tiempo ha quedado claro, por algunas variaciones en el diseño, que los que aparecieron en California fueron producidos por otro grupo llamado Forkscrew Graphics. Lo cierto es que este grupo, a pesar de haber sido identificado con causas de compromiso social y político, ha diferencia de Copper Greene, han hecho de la reproducción de estos afiches una cuestión con fines comerciales. Acción que, a todas luces, va en contra del “culture jamming”, un tipo expresión que se ha vuelto cada vez más frecuente durante los últimos 15 años.

No es mi intención discutir las características ni pormenores del “culture jamming”. Lo que si quisiera resaltar es que es el poster, o mejor dicho, el cartel, lo que se muestra como formato de preferencia.
De vuelta a mi paseo por Downtown Minneapolis, recuerdo que aquella imagen no sólo me llamaba la atención por la manera en que subvertía el mensaje de la propaganda en uno de desestabilización y denuncia. Había algo de aquel afiche que me era familiar. Hice una pequeña búsqueda en la Internet y me topé con lo que hasta entonces no era más que un vago recuerdo; “VOV”: el afiche de un cartelista de la Francia de las primeras tres décadas del siglo XX, Leonetto Cappiello. Por una de esas ironías de la vida; el cartel de una bebida “energizante”.

jueves, 10 de marzo de 2011
Sacralización, intelectualidad y violencia: Imago UPR
Bibliografía:
domingo, 6 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
A - FOR - ISMOS #16
